Formar campeones sí, pero no a cualquier precio

 ATENCIÓN A LA PERIODIZACION

Está claro que la competitividad al grado máximo es una de las características de la sociedad de este fin de siglo. El tenis no constituye una excepción al enorme afán de sobresalir por encima de los demás, al contrario, su gran popularidad en los medios de comunicación, unida a las altas sumas de dinero que perciben sus campeones, lo convierten en un “El dorado” para muchos que ven en él la posibilidad de alcanzar éxito y fortuna conjuntamente.

Muchos padres llevan a sus hijos-as a las escuelas de tenis con un fin formativo, de correcto aprendizaje en sus primeras etapas. Otros, cada vez más numerosos, lo hacen obsesionados en que sus hijos se conviertan en campeones precoces. Su impaciencia les lleva a someter a los niños a unas cargas de entrenamiento inadecuadas a sus capacidades, en un intento de ganar tiempo al tiempo en la consecución de éxitos. Las consecuencias son funestas: problemas de crecimiento, malformaciones, lesiones crónicas, problemas de carácter motivados por la presión…, lo que debiera ser una actividad lúdica, recreativa, formativa y sana se convierte en un calvario de tensiones y lesiones con secuelas negativas para el futuro.

Bajo mi punto de vista, a la hora de pensar en la formación de un tenista, no hay que olvidar tener en cuenta dos aspectos fundamentales:

1/Complementar su aprendizaje tenístico con su formación como persona; cuánto más completa sea su formación, mayor capacidad va a tener para resolver sus problemas como tenista. Por otra parte hay que tener en cuenta que el tenis va a constituir solo una parte de su vida.

2/tener muy en cuenta la periodización. La formación de un tenista de competición conlleva de 8 a 10 años de preparación. Se debe tener paciencia y respetar las distintas etapas formativas en consonancia con el crecimiento físico y psicológico de los niños-as.

En relación al primer aspecto, la actualidad nos demuestra claros ejemplos de grandes deportistas a los que sólo se les desarrolló su habilidad natural para una determinada especialidad deportiva, sin ofrecerles paralelamente una formación para el desarrollo completo de su personalidad: Maradona, Monzón y Borg son casos a considerar.

En relación al segundo, no hay que dejarse guiar por algunos ejemplos de precocidad que se dan en el circuito profesional. Tengamos en cuenta que son casos excepcionales, susceptibles de un cuidadoso estudio y una mayor perspectiva en el tiempo. El completo desarrollo tenístico debe alcanzarse conjuntamente con el físico y el psíquico, no antes de los 16-18 años en las mujeres o 18-20 en los hombres.

En resumen, cuando llevemos a nuestros hijos-as a las escuelas, o los acompañemos a sus partidos de competición de este deporte maravilloso que es el tenis, pensemos en su formación integral como niños-as felices a los que debemos ayudar a conseguir las mejores metas que sean capaces de alcanzar…, pero no a cualquier precio.

Artículo escrito por Fernando Rey Tapias en 1992

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