LA PROBLEMÁTICA DEL ENTRENADOR DE TENIS

En todos los simposiums tenísticos se habla de técnica, sistemas de entrenamiento, preparación física, táctica, psicológica, dieta, dirección de escuelas, marketing,… etc. Todas estas materias son sin duda partes decisivas dentro de la enorme complejidad del tenis para formación de los entrenadores. Sin embargo, entre la amplitud de oferta de materias tenístico-deportivas noto en falta un tema a mi juicio fundamental para el mejor desarrollo del deporte del tenis: la consideración y el espacio legal y operativo que ocupa el entrenador de tenis.

La costumbre sin duda da por buenas una serie de normas que a cualquier persona que llegase al tenis desde fuera, sin conocer antecedentes, le parecerían como mínimo sorprendentes y probablemente disparatadas.

El entrenador de tenis es el único entre todos los entrenadores que no puede desarrollar su labor durante la competición de sus jugadores

Tomando como ejemplo cualquier deporte sea de equipo o individual, vemos como el  entrenador tiene una presencia activa durante la competición, incluso en las circunstancias más difíciles ( automovilismo, ciclismo,…). En cambio, la reglamentación impide al entrenador de tenis intervenir en una parte importantísima en la formación de sus jugadores (enseñanza táctica durante la competición), privándole de una de sus más importantes funciones.

Igualmente y a nivel profesional, los entrenadores no  pueden ejercer dicha función con los jugadores a los que entrenan, sino que son sancionados sólo por el mero hecho de hacer cualquier gesto que pueda ser interpretado como señal.

Las consecuencias esta reglamentación inciden gravemente en la consideración del entrenador de tenis:

  • En la base, al abortar gran parte de su labor, su figura se limita quedando reducida en muchos casos a un mero lanzador de bolas por lo que los propios padres pasan a sustituirlo.
  • En el campo profesional, los jugadores eligen sparrings o acompañantes, ya que la principal labor que pueden necesitar del entrenador, no la pueden recibir.

De esta forma el entrenador no tiene ni la valoración ni la consideración debida. Va a a remolque del jugador dependiendo completamente de él, (sala de jugadores, acreditaciones, hotel, etc. )

Si el entrenador pudiera ejercer plenamente sus funciones, tendrían una valoración distinta tanto en la base como en el campo de la alta competición, ocuparía un espacio que ahora se le niega y contribuiría sin duda al mejor desarrollo del tenis en comparación con otros deportes.

Artículo publicado en Enero de 1998 por Fernando Rey Tapias

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