Mucho más que otro título en la catedral del tenis

Jugar Wimbledon es la meta soñada de todo tenista. Ganarlo significa entrar en la historia de este deporte. La final masculina que se celebra hoy es sin duda una de las más trascendentales de las disputadas en las 126 ediciones de uno de los acontecimientos deportivos más tradicionales del mundo. Y lo es, porque pase lo que pase y gane quién gane, la victoria significará mucho más que ganar un título en la catedral del tenis. En el caso de Roger Federer, supondría volver a lograr el número uno, convirtiéndose en el jugador que más semanas ha liderado el ránking mundial de la ATP, ganaría su séptimo Wimbledon y acrecentaría su récord de victorias en torneos de grand slam. En el caso de Andy Murray, la victoria significaría su primer título en un grande y pasaría a la historia como el primer jugador británico en ganar el torneo 76 años después de la victoria de Fred Perry. Y por si fueran pocos los atractivos de este partido, también se suma la presencia como entrenador de Murray, de Iván Lendl, el mítico campeón de la década de los 80, ganador de ocho grand slam al que se le escapó Wimbledon.

Andy Murray lleva tres finales perdidas de grand slam; Lendl perdió cuatro antes de ganar a los 24 años su primer grande. Es el espejo en el que se ve el escocés para conseguir invertir su trayectoria de derrotas en victorias a una edad similar a la del checo. Asimilar la espartana mentalidad de Lendl será una de las características que deberá exhibir hoy para contrarrestar las excepcionales condiciones de su rival, uno de los mejores jugadores de todos los tiempos y sin duda el más estético y elegante. Un rival completísimo que llega a la final tras una soberbia exhibición ante Novak Djokovic. Por eso las casas de apuestas británicas dan como favorito a Federer, y en este caso no seré yo el que les contradiga. Lo que es seguro es que se avecina una final especial incluso para el público londinense que por motivos patrióticos quiere la victoria de Murray, pero que tenística y sentimentalmente venera al prodigio suizo.

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