Otra llamada de atención

Las revelaciones de Arantxa, al margen de la ruptura de su familia, nos llevan a reflexionar sobre las consecuencias de la precocidad en la formación de campeones, auspiciadas por padres o entrenadores ávidos de dinero y popularidad.

Cuando dirigía el Centro Gallego de Tecnificación, ya destaqué dos aspectos fundamentales. 1) Complementar su aprendizaje tenístico con su formación como persona (cuanto más completa, mayor capacidad tendrá para resolver sus problemas como deportista) porque el tenis va a constituir solo una parte de su vida, 2) Tener en cuenta la periodización. La formación de un tenista conlleva de 8 a 10 años. Se debe tener paciencia y respetar las etapas en consonancia con su crecimiento físico y psicológico.

La triste realidad es que el dinero del tenis profesional deslumbra a demasiados padres. Su desconocimiento en deporte y el mercantilismo de pseudoentrenadores provocan que su vida familiar gire en torno a los entrenamientos y pruebas de sus hijos, con una presión y expectativas irreales. Como si en las clases de física o de pintura los alumnos se formasen para ser Einstein o Picasso. ¿Consecuencias? Frustraciones personales, despilfarro y rupturas familiares.

Los campeones nacen, y para que se desarrollen necesitan un entorno adecuado. Los niños no son adultos en miniatura: necesitan un trato acorde a sus edades, vivir su infancia, divertirse. El ejercicio y el deporte son inherentes a su crecimiento, parte de su desarrollo físico, psíquico y social. Su aprendizaje posibilitará que alcancen en su madurez su máximo potencial, desarrollando los valores de dicha actividad (respeto, esfuerzo, saber ganar y perder…), y creando hábitos que les den un ocio divertido y saludable para el resto de sus vidas.

España vive una etapa de grandes éxitos, con brillantes deportistas, ejemplares también como personas, Nadal, Gasol, Iniesta, Casillas, Gómez Noya… Suponen un maravilloso espejo para nuestros jóvenes, pero estamos en los puestos de cabeza de la obesidad infantil, motivo de reflexión: prima la formación competitiva y se abandona la formación integral.

Las revelaciones de Arantxa derrumban el mito del éxito de la familia que forjó campeones, lo cual no es una buena noticia, pero sí suponen un ejemplo de que aún en el caso de aquellos niños que posean unas condiciones innatas excepcionales, como fue su caso, no se les puede privar de algo que no van a volver a tener nunca: su niñez.

Artículo publicado en “La Voz de Galicia” el 8 de febrero de 2012

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