Del juego por parejas a la formación universitaria

Es aventurado pronosticar la actual temporada únicamente por los resultados de Indian Wells, pero es indudable que el torneo deja excelentes sensaciones: primero por la victoria del mejor Federer, lo que confirma que mantiene la excelente trayectoria de los últimos meses. Roger sigue impecable, y su clase, elegancia y saber estar siguen constituyendo un regalo para el tenis.

En segundo lugar, Djokovic, aunque soberbio, ya no ejerce la aplastante superioridad que le hacía imbatible el pasado año, y eso contribuye a abrir los pronósticos. También porque, en plena experimentación de sus cambios de juego hacia una mayor agresividad, Nadal ofreció una sólida imagen en las primeras rondas. Luego, el español sufrió y mostró dudas ante Nalbandian. Tuvo que recurrir a la épica para alcanzar las semifinales, donde fue superado por un gran Federer en un partido marcado por las malas condiciones meteorológicas.

En el cómputo general del torneo, con su victoria en el doble con su amigo Marc López, Nadal acumula sensaciones positivas de cara a las próximas semanas. La prueba de parejas es una especialidad que mejora el saque, el resto y la volea, y que enriquece el juego de ataque. Por una serie de razones que podremos explicar en otra ocasión, los primeros jugadores del ránking han dejado de participar en los dobles. Sin embargo, el ser año olímpico contribuye a resaltar nuevamente una espectacularidad visible únicamente en la Copa Davis.

Isner, sin prisa por triunfar

En cuarto lugar, y en mi opinión el más importante, Indian Wells brinda una gran noticia para el tenis norteamericano y, por sus repercusiones, para el mundial. Por un lado, muestra la excelente actuación de su mejor promesa, Ryan Harrison, que con sus 19 años alcanzó los octavos, lo que confirma su progresión hacia una inmediata entrada entre los 50 primeros del ránking. Por otra parte, la extraordinaria actuación de John Isner, el gigante de Carolina del Norte (2,06 metros), conocido mundialmente por ganar el partido más largo de la historia (con Mahut en Wimbledon 2010). A ese detalle se añade una historia insólita en el tenis masculino.

Porque Isner no se hizo profesional hasta los 22 años. De los 18 a los 22 cursó sus estudios en la Universidad de Georgia jugando en las ligas estudiantiles. En el 2007 comenzó su andadura en la ATP derrumbando el mito de la necesaria precocidad para triunfar. En su primer año entró entre los 200 mejores del ránking, alcanzando la tercera ronda del US Open, en la que le ganó un set a Federer. Desde entonces, la evolución de su juego es constante, hasta alcanzar su mejor resultado la pasada semana y convertirse en top ten.

El rendimiento de Isner supone una alegría para el alicaído tenis norteamericano y un magnífico ejemplo de que es posible compaginar la formación académica con una carrera en el tenis profesional. Evidentemente, contando con el sistema educativo de Estados Unidos, donde se le da una enorme importancia a la actividad deportiva como parte consustancial de la formación integral de la persona. Pura lógica.

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