«Rafa, tenemos un problema»

Esa fue la célebre frase que Toni Nadal le dijo a su sobrino tras ver jugar a Djokovic por primera vez. En realidad, desde entonces fue un problema menor para Nadal. La irregularidad mental y física del serbio hicieron que las preocupaciones del español se centrasen en otros problemas: primero Federer, luego ganar en hierba y por último las superficies sintéticas. Solventó todo de forma extraordinaria hasta finales del 2010. Ahí se produjo la metamorfosis del serbio.

Djokovic lideró la victoria de su país en la Copa Davis, y todo cambió en su cabeza. Se llenó de autoestima y vio que alcanzar el número uno estaba en sus manos. Cuidó su dieta y trabajó su físico y su comportamiento en la pista. Desde entonces su actitud solo denotaba firmeza y seguridad. Como juego tenía de sobra, los triunfos cayeron uno tras otro. Ahora sí se cumple la frase de Toni a Rafa. Un verdadero problema tener enfrente a un jugador técnicamente completo, sólido y sin fisuras en lo físico y con una moral a prueba de bomba tras las cuatro victorias anteriores sobre el español, y con la meta alcanzada de ser número uno.

Sin embargo, hay una diferencia sobre los duelos anteriores. Se juega en hierba, en la final del grand slam más prestigioso, en donde Rafa ya se ha doctorado, y donde Novak es un debutante. Será un Nadal distinto al de los partidos previos entre ellos, fortalecido por su gran victoria en Roland Garros y su excelente Wimbledon. La incógnita es ver cómo Rafa soluciona este problema, como siempre hizo. Es una final muy equilibrada, pero si hay que mojarse, mi favorito es Rafa.

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