Tan parecido al 2010, pero tan diferente

El corazón quiere que gane Nadal, pero el sentido crítico indica que hoy, ya igualado el factor psicológico con Djokovic, afronta una difícil final del US Open. El mallorquín debe ofrecer de entrada un nivel superior al del sábado. Esperar al rival no basta, porque el serbio carece de las flaquezas de Murray. Será apasionante ver como preparó el español a nivel táctico el duelo de hoy con su tío Toni, y si hay alguna aportación nueva.

El pasado año, al realizar el pronóstico de la final, comentábamos que podría decantarse del lado del español por su superioridad en la parte mental. Hoy esa superioridad no solo ha desaparecido, sino que el mallorquín tiene en el subconsciente las cinco finales perdidas con Nole. Si a esto unimos la racha triunfal del serbio, su potencial técnico y forma física, sería lógico decantarse por el actual número 1 del mundo como favorito.

Pero hay más aspectos a estudiar cuando el rival es Nadal. Dejaremos para otro día el análisis del extraordinario equipo que el serbio ha formado a su alrededor para alcanzar el éxito. Un grupo formado por miembros de diversas nacionalidades que tardó varios años en completar. Rafa, en cambio, tiene desde siempre al mismo entrenador, y desde que es profesional lo mejora con un núcleo invariable que le proporciona equilibrio.

 

Otra vez, mejor con Toni a su lado

La figura de Toni en la trayectoria de Rafa es clave, y lo sigue siendo. Cuando su tío no está a su lado, lo acusa. La recuperación del pasado año tras la mala gira previa para ganar en Nueva York fue impresionante. Este año se repite la historia, solo que para completarla hay un obstáculo diferente: el mismo rival de entonces añadió muchas más cualidades.

Hasta hoy, Nadal ha ido superando todas las barreras de su carrera: rivales, lesiones, distintas superficies. Hoy tiene un nuevo reto, a priori muy difícil, pero para Rafa y Toni nada ha sido fácil desde que comenzaron a entrenar en su Manacor natal. Pasados los años y sin cambiar ni siquiera de lugar de trabajo, los Nadal tratarán de superar a un rival poderoso.

Las semifinales dejaron un par de lecturas. Durante dos sets, con una velocidad en los intercambios increíbles, Federer dio la sensación de poder repetir el triunfo de Roland Garros ante Djokovic, pero luego le traicionó su falta de exigencia. El suizo es un compendio de cualidades a imitar en casi todos los campos, menos en uno: no ha sido nunca un killer.

Concesiones mortales

En su fantástica trayectoria, Federer siempre ha hecho concesiones a sus rivales, maquillando resultados que podrían ser más claros, en un hábito negativo. Desde la llegada de Rafa, y ahora de la mejor versión de Djokovic, esta carencia de agresividad continuada, ese dejarse ir en momentos del encuentro, ha sido su perdición. Llegó a tener dos bolas de partido en el quinto set que no aprovechó, pero la semifinal la empezó a perder con su actitud a comienzos del tercero, cuando más debía apretar a un Djokovic hasta entonces superado, pero que ahora resiste todo, impertérrito en espera de la menor oportunidad. Roger se la dio, y el serbio no la desaprovechó.

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