Un duelo épico

Apasionante final nos brindaron Djokovic y Nadal. Un partido épico acorde a la importancia de lo que había en juego; ganar un grand slam y también comprobar si Rafa era capaz de revertir la clara superioridad del serbio en sus últimos enfrentamientos.

El partido se inició con una cierta irregularidad en ambos, con el serbio más fallón de lo habitual y con un bajo porcentaje en su primer servicio. El balear no dejó escapar la ocasión y se hizo con el primer set. En el segundo, predominó la igualdad; ante un Djokovic más seguro, al mallorquín le faltó apretar, jugar con más agresividad, porque tenía al alcance encarrilar el partido. No lo hizo, y el serbio, tras apuntarse la segunda manga, mejoró mucho sus porcentajes de saque y, con un gran juego, dominó con claridad el tercer set.

Volvió la igualdad en el cuarto, con ambos defendiendo su servicio hasta el tie-break, en el que Nole llegó a tener 5-3 y servicio para alcanzar pelota de partido. Sin embargo Rafa, con una reacción espectacular, le dio la vuelta al marcador. En el quinto y definitivo, Rafa consiguió un break en el sexto juego. Se puso por delante con 4-2 y 30-15 cuando, tras un peloteo, le quedó una pelota corta con Djokovic desbordado en un lado de la pista. Era un paralelo sencillo que suponía el 40-15, pero la bola se le fue al pasillo y Djokovic le devolvió el break. Los últimos juegos, tras más de cinco horas de disputa, mostraron la mejor versión del actual número uno, con un ritmo excepcional y una seguridad en sus golpes de ataque que acabaron doblegando la resistencia del español.

Como apuntábamos ayer, el saque y el resto de Djokovic fueron decisivos. El serbio devolvía el servicio de forma excepcional y a Nadal le costaba mantener la iniciativa incluso con su primero. Sin embargo, en los momentos en que Novak conseguía porcentajes con su primero, era claro dominador.

La final fue extraordinaria, con un último set épico. Rafa quedó muy cerca de la victoria, lo que le indica que está en el buen camino, con sus mejoras tácticas en busca de una mayor agresividad que logró por momentos. El serbio confirma un nivel excepcional de juego, condición física y fortaleza mental, y sin duda es el jugador a batir en el año que se inicia. Un reto difícil pero, como la final de Melbourne, apasionante.

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