Un justo vencedor

Novak Djokovic ganó con autoridad su primer título de Wimbledon superando por quinta vez consecutiva a Rafa Nadal en este año 2011. Gran partido del serbio durante los dos primeros sets, en los que se mostró rápido sobre la hierba, segurísimo y con un ritmo excepcional.

Rafa solo pudo aguantarle en el primer set gracias al acierto en sus primeros servicios. En el segundo, ya vimos un auténtico recital tenístico de Novak, espectacular en todos sus golpes, anticipando siempre la jugada del contrario, y sin apenas errores.

En el tercer set, el serbio se relajó en sus comienzos y Nadal pareció dar con la tecla adecuada para cambiar el rumbo del partido. Lo consiguió con algo que de entrada no parecía en el guion, al cargar el juego de forma continuada sobre la derecha de Djokovic, que cometió varios errores. Sin embargo, al español le faltaron la frescura y su determinación y seguridad habituales para continuar la labor en la cuarta manga de la final.

Como a Federer con Nadal

Y es que a Rafa le sucede con Djokovic lo que a Federer con él: el juego de su rival le hace daño y él no es capaz de encontrar la forma de jugar para superarle. Eso le genera ansiedad, todo lo contrario que a su rival, que juega con una gran confianza en sus posibilidades en los momentos decisivos.

Cuando te enfrentas a alguien al que no sabes cómo jugarle porque tiene todas las armas y tú no las tienes, fallas más. Por quien tienes en frente. Eso le pasó a Nadal, que erró lo que habitualmente no falla.

Wimbledon 2011 corona a un nuevo campeón. Y reafirma a un nuevo número uno del mundo en una temporada excepcional. Desbancarlo será sin duda el gran reto de Rafa en el futuro.

Desde el punto de vista técnico, Rafa hizo bien en la final lo que normalmente son sus lagunas, como los primeros servicios. Paradójicamente, estuvo mal en el resto y no ganó apenas peloteos de fondo en casi ningún momento del partido.

Novak por momentos juega a la perfección con una cualidad increíble en la anticipación en el juego. Lee el golpe antes que nadie. Cuando el rival empieza a golpear, él ya está dando el paso hacia la zona adonde va la bola.

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